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Educación para todos



Las sociedades democráticas presuponen ciudadanos educados, es decir, bien informados y críticos, tanto porque se requiere que sean capaces de determinar sus preferencias y escoger entre diferentes alternativas, tanto porque se supone que deben fiscalizar sus representantes y actuar em la política directamente, cuando sea necesario. En ese contexto, la educación es considerada un derecho universal y, consecuentemente, un deber del Estado, que debe proveería gratuitamente y con altos estándares de calidad a toda la comunidad. En Brasil, marcado por su pasado profundamente desigual e injusto, vive aún hoy el desafío de garantizar ese bien esencial a su Pueblo. Y la democracia brasileña parece ser, entonces, un sueño aún más distante cuando se nota, por un lado, que nuestra carencia de educación pública se inicia por su dimensión más elemental – la del espacio físico de las escuelas (salas, carteras, libros, etc.) –, y, por otro lado, que se priva, sobre todo, precisamente a aquellos que serían más beneficiados por ella: los niños del país.




Publicado originalmente na Revista Fotoargenta.